Del paisaje a la persona
Empecé retratando lo que me rodeaba — la luz que entra oblicua en Montelíbano, el verde denso de Córdoba, el cielo que cambia de color antes de llover. Pero pronto entendí que lo que más me movía no era el paisaje: era la persona dentro del paisaje. La expresión que dura un segundo. La historia que vive en un gesto.
Fue la Agencia HImagen quien me abrió la puerta al mundo profesional. Con ellos aprendí que la fotografía también es un oficio — que tiene disciplina, que tiene rigor — y que los dos conviven perfectamente con el alma.
Lo que busco cuando disparo
Antes de levantar la cámara, siempre me pregunto lo mismo: ¿qué está pasando realmente aquí? No qué se ve — qué se siente. Qué amor está naciendo o despidiéndose. Qué versión de esta persona nunca va a volver a existir exactamente así. Eso es lo que quiero atrapar.
"No creo en la objetividad de los recuerdos. Mi oficio es que nadie lo olvide y todos lo recuerden."
— De mi blogCartagena me eligió
No sé bien si yo elegí a Cartagena o ella me eligió a mí. Lo que sí sé es que sus calles me enseñaron a fotografiar — la luz dorada del atardecer en el Centro Histórico, los colores que gritan sin pedir permiso, las parejas que se miran como si el resto del mundo no existiera. Aquí encontré mi voz. Y aquí me quedé.
Lo que me mueve
Soy de las que se leen la Biblia con placer, y que viven el caribe como una novela de Gabriel García Márquez. Cien años de soledad me enamoró para siempre porque el realismo mágico hace lo mismo que intento con mi cámara: encontrar lo extraordinario escondido dentro de lo cotidiano. La magia que está ahí, esperando que alguien la vea.
Me llamo Beth por Betty la Fea — y no me da pena decirlo. Porque Betty es la historia de alguien que siempre supo quién era, aunque el mundo negara en verlo. Eso me representa.
Soy enamorada de la vida y de Dios. Caprichosa, firme, amorosa. Me tomo la cámara igual que los libros — con todo. Cada sesión es la más importante que he hecho. Siempre lo será.
Leer mis historias en el blog →